El molino viejo.

   Siempre hemos llamado El Molino a las tierras que están en la vega del río justo enfrente del pueblo, en la margen derecha. Sin embargo el molino en ruinas al que entrábamos cuando éramos chicos estaba en el camino del río en dirección a Tobed, una vez pasado el puente del Barrancal y los campos de Ricardo y Bienvenido. En este último molino, alimentado con aguas del barranco del Val mediante una presa que aun se puede ver debajo de la depuradora, estuvo moliendo y viviendo Fermín Santed Sanz, el marido de la tía Anica y que procedía de Aceret, hasta que se hicieron el molino del pueblo cuyas piedras ya eran movidas por un motor eléctrico.

 

            Volviendo a las tierras del Molino, mi primer recuerdo es del campo de mi tío Andrés Jimeno “mañitas” lleno de fresas y donde mi madre iba a jornal. Más tarde me contaron de Andrés perdió una hija por insolación cuando preparó el campo. El sacaba piedras y a la vuelta la niña se montaba en el carretillo. El siguiente recuerdo son unos pelineros (latonero o almez)) encima de la balsa de Simón Marco, en la pared de Ruperto Castillo, íbamos a coger pelines y a Ruperto le sabía a rayos y nos despachaba con malas pulgas. Y por último fue muy comentada la marcha a Zaragoza de Germán Jimeno y Veneranda Gimeno, muy trabajadores, pero que de la noche a la mañana se marcharon y vendieron las tierras a Simón Marco. Hoy las trabaja su hijo Pedro Manuel.

 

            Si nos centramos en las ruinas del Molino Viejo, siempre se había visto a ras de río un pequeño arco rebajado de piedras y una supuesta pared cubierta de hiedra. Se comentaba que cuando Simón Marco allanó la tabla más cercana al río, justo enfrente de la fuente del Pueblo, había salido restos de una acequia que alimentaría este molino.

 

            Este invierno-primavera de 2014-2015 el río ha profundizado en el cauce y dejado a descubierto estructuras muy interesantes:

  1. Un muro de argamasa y cantos rodados aguas arriba del molino y que suponemos formaría parte del edificio en su cara oeste y defendería la edificación del empuje de las aguas.
  2. Dos cárcavas de salida de agua en forma de bóveda. Las piedras que forman la bóveda son de considerable dimensión y reconocimos tres clases, cuarcitas y pizarras de la zona, así como areniscas rojas traídas del término de Morata. En la primera de las cárcavas todavía se conserva parte del eje de madera (posiblemente de enebro o carrasca) que transmitía el movimiento de la rueda movida por el agua a las ruedas de piedra del molino.
  3. Un muro aguas debajo de las cárcavas que posiblemente daría origen a una acequia. La acequia heredera se puede ver debajo de la carrasca de los Santos Mártires, llamada de la Vega Nueva.
  4.  Un muro enfrente del anterior y con idéntico fin, ser el azud de la acequia del Pieza del Perro.
  5. Entre los muros y enfrente a las cárcavas, hay una poza cuadrada de unos 4 x 4 metros con cinco escaleras. Las dos primeras están hechas con restos de piedras de moler apreciándose todavía el agujero central. La piedra es conglomerado o grauvaca traída de fuera de Santa Cruz.

Sería interesante levantar una planimetría de los restos antes de que cualquier riada los vuelva a cubrir.

 

Como conclusión, creo que el muro que ahora tapa la hiedra sería la pared interior del molino excavado en el campo, mientras que se habrían perdido las paredes laterales y la frontal con el río. La habitación de la molienda estaría encima de las cárcavas y por comparación con otros molinos, (Orera, Nuevo de Santa Cruz, o El Frasno) pudo tener una balsa para acumular agua aunque en este caso no es imprescindible por la cercanía del río. Aun cuando no hay que olvidar el fuerte estiaje del Grío.